
Desde las profundidades ctónicas de la antigua Creta, ama de los fuegos que, asimismo, la nutrían, surgió la legendaria figura de la Salamandra. Animal mitológico de aspecto similar a una fusión entre serpiente y dragón, en cuyos vuelos -amenazantes y arrasadores- despedía llamas que destruían al paso todo mundo conocido
Son realmente pocos, y de dudosa extracción documental, los datos sobre la Salamandra, pero casi todos los relatos hablan de su rara e infrecuente aparición ante la vista de los humanos, como la de una presencia devastadora, formas del mismo fuego, que acompañaba el movimiento de los volcanes. Pero de aquella destrucción, sin embargo, nacía lo nuevo; resurgía y se regeneraba la naturaleza en todas sus formas de vida.
La salamandra es un símbolo básico de la alquimia. Se la supone capaz resistir e inclusive apagar los fuegos más ardientes. El origen de este mito podría originarse en su condición de anfibio, y que como tal, vive parte de su vida en el agua y parte en la tierra (elementos alquímicos), en particular en zonas húmedas como bosques. Debido a esto último, suele ser común encontrar estos animales entre la leña húmeda, y que salgan huyendo al arrojar ésta al fuego (otro elemento alquímico).
Otras peculiaridades de este animal son su asombrosa (y aparentemente mágica) capacidad de regeneración de miembros amputados; además de segregar su piel una sustancia blanca y espesa, que en contacto con zonas sensibles como boca, nariz y ojos, produce irritación, lo que le da erróneamente la fama de animal venenoso. Se creía que tocarla era fatal.
Existe un trasfondo común entre el conocimiento oculto que los hombres deben arrancar a la naturaleza y el arrancarle el fuego oculto a los dioses. Y, asimismo, un paralelo entre Prometeo y la Salamandra. En efecto, así como Prometeo se interna en el Olimpo para apropiarse del fuego, negado a los hombres por Zéus, y conducirlo al mundo para hacerlo explícito, la Salamandra lo rescata desde las profundidades y lo transporta hacia la superficie, al mundo conocido.
Expresa metafóricamente el devenir en las sociedades y sus valores culturales. En otro plano, representa el cambio en el conocimiento y en sus formas.
La Salamandra… personaje de la mística dualidad forjada de cielos e infiernos, que, por momentos, podríamos pensar escondida en las alcantarillas de nuestras ciudades y pueblos, agazapada, esperando un signo divino para salir a nuestro mundo.
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