miércoles, 6 de junio de 2007

REPLICANTE

¿Recuerdan a Jude Law en “A.I.” o a Daryl Hannah en “Blade Runner”? Lo realmente desasosegante de ambos personajes no es que fueran robots, sino que fueran tan humanos. El motivo de la desazón que nos produce un ser tan próximo a la humanidad pero ajeno a ella lo estudió el especialista en robótica Masahiro Mori en 1970, que bautizó el efecto como “Uncanny Valley”, algo así como “valle de la desazón, la sorpresa o la inquietud”.
Los robots antropomórficos conviven con los zombies y con los cadáveres en esa extraña región de la psique humana, disparando un mecanismo de respuesta emocional negativa. La moraleja es: si diseñas un robot no maximices el parecido con los humanos. Injértale una cámara en la frente o un brazo metálico para que los humanos se tranquilicen al saberse enfrente de un androide. ( http://blogs.elpais.com/lacacharreria/)

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