
Los grabados rupestres, llamados insculturas o petroglifos, son seguramente los documentos arqueológicos más típicos y abundantes de la zona de Galicia que comprenden las Rías Bajas y las cuencas de los ríos que en ellas desembocan. El gran poder de seducción de estos enigmáticos grabados ha hecho que la atención de los aficionados se haya parado en ellos desde hace tiempo. El más notable investigador, dedicado especialmente a los petroglifos, ha sido Ramón Sobrido, que dejó en el Corpus Petrogliphorum Gallaeciae, un instrumento que ofrece un amplio panorama del arte rupestre gallego. Sophus Müller, Montelius y otras grandes figuras de su tiempo consumieron largas horas de quehacer intelectual, dedicados a desentrañar su sentido. Althin después de estudiar cientos y cientos de petroglifos escandinavos, y de ver como un mismo motivo se repite indefinidamente en una misma roca, llega a la conclusión del efímero valor de estos signos, por lo cual habrá de repetirse siempre que se considere necesaria la intervención de la misma fuerza, y cuando falte sitio habrá que repasar un petroglifo ya hecho. Muy cerca de nosotros tenemos el célebre laberinto de Mogor (Marín), una figura que se repite dos veces en dos rocas muy próximas sobre el promontorio que resguarda el flaco derecho de la playa........los misterios que esconde me hacen soñar.
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